Solo piensa en mí ...

























































ESTAS EN MI MUNDO AHORA !
































































Bueno, después de esas dos entradas anteriores, creo que voy a ser de mi blog una especie de diario íntimo. Algo así como contar que es lo que pienso en este preciso instante. No, no me va publicar mis cosas INTIMAS, como lo haría en un diario INTIMO(nunca escribí en uno). La palabra misma lo dice: intimo, nadie más que yo lo debe de ver. Además me parece de pendeja boba publicar “Hoy hice el amor” o algo por el estilo. O sea, a quien le importa. No, pendeja no.
De verdad, me gusta mucho escribir, no sé si lo hago bien o mal, si se entiende o no lo que quiero transmitir, y desde lo más profundo de mí; no me interesa eso. No me interesa escribir para que cientos de amigos y contactos vean como estoy. No me interesa obtener seguidores. Mucho menos las criticas en contra, ni siquiera a favor. Lo que opinen de mí sinceramente no-me-in-te-re-sa. Si me dejaría por los comentarios de la gente… no sería nada de lo que soy. Si mando mi blog por alguna ventana de conversación es porque escribí algo que no tiene nada que ver con lo que esta pasando ahora en mi vida. Por ejemplo ayer mi entrada trataba de mí, de cómo me sentía; no quise que nadie lo viera. Igual, todo lo contrario, lo leyeron y muchos.
Tengo amigos que les encanta como escribo, otros que me creen loca, y otros que simplemente les agrada la música que hay en tammysgeneration.
Bueno, mucho prólogo. Me dejo de pla-pla-pla y escribo algo que quiero escribir desde que llegué a casa.
Vos, que estas siguiendo palabra por palabra tratando de entender algo. Seguramente estas bien de salud, por hay tendrás que se yo un problema no muy grave, pero, sindrome down no tenés ¿o me equivoco?
Como decía mi viejo cuando trataba con alguien ingenuo, bobo. -Mirá Tammy, a ese tontito/a, es una persona 6, 7 por no ser malo y darle menor puntaje. Como se nota que le faltan jugadores en la cabeza eh. No es cuerdo, no. Es lento no entiende nada de nada.
Mi papá hacía ese tipo de comentarios subestimando a gente sin trastornos como el que dije antes: down. A gente normal pero que no era rápida, a alguna persona ignorante por así decirle.
Pero hablando enserio y no siendo tan cruel como mi padre, realmente esas personas son un 10 comparándolas con las que sí tienen problemas.
Hoy estaba de lo más bien, no me queje en todo el día creo. Tuve un hermoso día. Pero claro, estoy loca yo, rumbo a mi casa me encontré con una plaza y quise entrar, no sé, quizá había decidido que necesitaba aire.
Entré, y no habían muchas personas. Estaban tres chiquitas con sus mamás. Subiendo y bajando del tobogán, haciéndose amigas entre ellas, ensuciándose de arena, despeinándose las trencitas. Me senté en una de las hamacas a pensar, a revivir en mi mente todo lo grandioso que me había pasado hasta ese momento. Sonreía, y quería ir lo más pronto a y volver a sentir (yo me entiendo) Pero estaba tan cómoda, tan tranquila, tan en paz. Ojo, no volaba en la hamaca, no, porque no tengo edad para hacerlo, y no quería. Simplemente me senté a observar detalladamente lo que estaba pasando a mi alrededor. Apoyé mi cabeza sobre la cadena derecha de la hamaca, y sonreía cada vez más y más. Me acordaba de tantas cosas, por ejemplo, de cuando era chiquita y mi papá me llevaba a esa misma plaza a jugar. Me acordaba por las fotos que tengo ahí con él porque de haber sido de otra manera se me hubiese sido imposible acordarme ya que era muy pequeña. Hubiese caído en un shock de depresión por: “nadie nunca me llevó a la plaza a jugar cuando era chiquita a mí” Sí, me conozco.
Inclinada y balanceándome me di cuenta de que dos mujeres se aceraban por el sector en donde me encontraba. Una señora un poco mayor que la otra. Una en perfecta salud(por lo que se notaba) y la otra con síndrome down(por lo que se notaba también). La de síndrome down se sentó sobre la hamaca que estaba al lado mío. Inconciente me paré y la hamaqué. Le dije ingenuamente:-Hola ¿cómo te llamas? La acompañante terapéutica me contestó sonriente:-No te escucha, es sorda-muda. Mientras la otra volaba más y más alto pero ya por su cuenta, me senté de nuevo en mi hamaca pero a diferencia que yo no volaba como ella.
La acompañante terapéutica entonces me dijo: -Se llama María ¿y vos?
Dije mi nombre demostrando que era una buena persona. Saqué de mi bolso un chocolate felt-fort y se lo di alegre a María. Ella me sonrió, y la otra señora también, solo que esta me dio las gracias.
Agregué:- De nada, uno cuando ve estas cosas lo hace reflexionar, darse cuenta de lo miserable que es uno por quejarse de los problemas que no significan nada al lado de los que tienen estas personas.
La señora me contestó mirándome fijamente: Tenés razón, nosotros tenemos otros problemas, pero aún así no dejan de serlo Tammy. Contame ¿qué haces acá?
-Vine a pensar, a tomar aire.
-¿Qué pensabas?
-De lo maravillosa que puede ser la vida si uno quiere. Miré, hasta María ahora se encuentra feliz, viajando en una dirección a otra, comiendo su chocolate.
-Tenés razón. Se te nota muy feliz.
Tardé algunos segundos en contestarle, le sonreí y le dije: -Lo soy.
La señora me miraba cada vez más sonriente:-Yo también soy feliz, a pesar de todo…
-Siempre va estar el “a pesar de todo” pero bueno, es la vida.
-Me gusta como pensás Tammy.
-Usted es psicóloga, yo también iba al psicólogo.
-¿A sí? Y ¿por qué?
-Verdaderamente hoy ya no sé, entendí que es la vida misma la que te hace pasar cosas que por hay no te las mereces. Nadie, ningún psicólogo te puede hacer olvidar. Pero bueno, yo creo que esas cosas te hacen una persona fuerte y calculadora. ¿No?
-Estas en lo cierto, estoy de acuerdo. La gente se piensa que el psicólogo te resuelve los problemas y están equivocados. Nosotros los que hacemos es de una manera u otra, hacerles olvidar, hacerles pensar que la vida continúa.
-Claro, a veces lo que hace falta es una palabra de aliento, una charla con risas, algo. Digo, para la gente en buen estado como vos y yo. La gente que en verdad lo necesita como María sí merecen tratos especiales y demás.
-Si todos entendieran eso, que no hace falta un psicólogo sino eso que acabaste de decir.
María me pedía otro chocolate agarrando de mi bolso desesperadamente. Le di otro (sí, amo los chocolates) se paró de la hamaca, abraso a su acompañante y le dio un beso en la mejilla. Algo así como diciendo: gracias por traerme.
Yo sonreía con ternura, no podía estar mejor. La psicóloga entonces me dijo riendo: Bueno, creo que ya se cansó, un gusto gracias. (a maría, sonriendo) Decile chau a la chica. María entonces me hizo una seña con sus manos y le dije:-chau María-saludándole con un beso en el cachete. La psicóloga me saludo también y me volví a sentar en mi preciada hamaca. Me senté sonriendo y pensando en lo bien que estoy de salud. En que tengo que valorar muchas cosas en mi vida. En María, en lo que hablamos con la pscóloga. En los nenes que ahora estaban sobre la arena haciendo no sé que figura. Tan bien me sentí en ese momento, feliz me fui a volver a sentir (yo me entiendo).