Solo piensa en mí ...

























































ESTAS EN MI MUNDO AHORA !
































































La triste historia del nacimiento de la víbora intocable.

Debí aprender a ser la peor de las víboras, la más ondulada, la que poseía el veneno mortal. Si me pisaban, si me mordían, si intentaban embestirme no iba a dudar en defenderme con el peor de los ataques jamás vistos. Debí, sí. Debí aprender a ser así desde el día de mi existencia. Desde aquel 7 de junio.
Hoy quiero agradecer (francamente, quiero decir, no estoy siendo irónica) a los cometidos errores y sobre todo conscientes de aquellas personas que fingieron quererme...
Antes, muchas veces quisieron acabarme, despiadadamente me tiraban al vacío pero yo, inteligente, encontraba el piso. No siempre, mayormente ellos ganaban, porque eran mucho más grandes,

en edad y experimentar maldad, claro. Bondad no, en eso eran cero.
En eso ganaba yo. En eso que jamás me sirvió de nada era un diez.
Mientras apuñalaban mi frágil espalda, creaba silenciosamente mi víbora. Esa víbora que para formarse tuvo que sobrevivir lo inconcebible. Malicias, fracasos, traiciones, mentiras, decepciones, por eso y más tuvo que pasar.
Nunca se lamentó de lo imperdonable: Ahora ella jamás se equivoca, muy pocas veces se cae pero siempre se vuelve a levantar. Ahora es fuerte y rápida. Es valiente, manipuladora, fría como el hielo. Incansable
. Es la víbora que hoy forma parte de mí, es mi escudo; mi muro.
Ni bien presintió infaliblemente que ya era lo suficientemente más capaz, más audaz, simplemente superior a los que la traicionaban inhumanamente, decidió atacar, la víbora se vengó.
De vez en cuando, con mi víbora alrededor de mi cuello los visito. Desde arriba los veo muriendo lentamente en una jaula como hambrientas ratas, descaradamente agonizan arrepentimiento, y suplican que les retire el veneno...
Con el pasar del tiempo... de todo lo que experimente.. Me dí cuenta
de que de nada hubiese sido igual haber nacido siendo lo que soy hoy, la víbora que fui construyéndo de a poco; con cada golpe, sin miedo pero con esfuerzo, esfuerzo sí, mucho. El orgullo no sería el mismo. La satisfacción no sería la misma.
Nadie nace sabiendo, nadie. Y yo sé, yo sé por experiencia propia y errores de otros sé.
Yo sé todos los pasos, todos los puntos, del uno hasta el infinito, yo sé exactamente que es lo que hay que hacer, pasar... para llegar a ser la víbora que si alguien se atreve a provocar, a poner en ella una mirada desafiante siquiera, ésta se vuelve cada vez más ondulada, más larga, más infinita...
Y por ende aquel iluso que se creyó por minutos el vivo de los vivos por retar a la víbora... es primero desahuaciado de su hipótesis barata, el pensar ingenuamente que sería capaz de derrotarla, el pensar que podría llegar a darle el jacke siquiera... Por último este inferior es envenenado con el tósigo más tóxico... con la muerte más lenta.


Porqué mi amigo iluso, el mate ahora, AHORA Y SIEMPRE, lo doy yo: la víbora.